Nada.

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domingo, 8 de enero de 2012

Mis sueños.

Suelen ser extraños, pesados, incluso los recuerdo, voy a contar uno.
Caí desde el cielo, la boca me sabía a metal, me pase el puño por los labios y no me sorprendí al ver sangre en mi muñeca, a duras penas conseguí levantarme del suelo, observé las palmas de mis manos, estaban cubiertas de un polvo blanco, miré alrededor por primera vez desde que estaba en ese lugar todo estaba cubierto de una espesa capa de ceniza.
Gris, era el color de ese lugar, me gustaba, era silencioso, daba incluso miedo, pero para mi ese sentimiento era el menos experimentado en mucho tiempo, me sentía a gusto en la soledad, y el gris... En varios kilómetros no vi ni a un alma y el lugar no era precisamente de los que están abandonados, una gran ciudad con rascacielos y tiendas de lujo, coches abandonados en medio de la calle completaban el paisaje, a cada paso se levantaban más edificios cristalinos, espejos callados, seguí andando hasta que un edificio me llamó la atención, ya lo había visto antes.
El edificio por dentro no era tal como lo recordaba, era triste, un lugar tan acogedor y ese engaño, aún así no desistí en mi empeño de registrar ese laberinto huraño, el interior parecía mucho más grande de lo que decía la fachada, me acordé de mi refrán favorito: "no juzgues un libro...".Se trataba de una obra arquitectónica preciosa, una escalera de caracol conducía a una cúpula dorada, subí hasta allí y me encaminé por el tejado hacia una caseta, cuando de improvisto distinguí una figura humana que corría por el suelo pedregoso, me lancé en su persecución, no era muy veloz, pero el tejado se acababa y me entró pánico.
Se paró, pude distinguir su cabellera negra entre los últimos resquicios de día, se dio la vuelta y el corazón pegó un bote dentro de mi pecho, <<Tú... ¿Qué haces aquí?>>. Me miró con una expresión ausente, sonrió y dio un paso hacia atrás, estábamos a escasos metros de distancia, casi pude sentir la indiferencia que le causaba todo aquello, se dio la vuelta y saltó al vacío, no pude evitar gritar, esa escena me provocaba un pavor que jamás había sentido, yo también salté tras ella, no se porqué lo hice, fue un impulso en ese momento solo pensaba "Si ella no está... yo tampoco puedo existir" me estampé contra el suelo, todo se volvió blanco, una nube de polvo ceniciento estalló a mi alrededor.
Me desperté, jadeante, el corazón se me escapaba del pecho, respiré con pesadez, era un sueño, ¿Como he sido tan tonto?.No fue más que un sueño...

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