A veces, una persona aún sabiendo que todo lo que tiene es mas que suficiente, no tiene lo que necesita, y es un vacío interior que inquieta e impacienta, difícil de llenar con palabras, imágenes o experiencias.
Como el humo de un contenedor de cristal resquebrajado, las sensaciones escapan de una persona, convirtiéndola en un ser inmoral, que no necesita a nadie, una simple máquina, que actúa porque tiene que hacerlo, y no porque quiera, las personas dejan de provocar le sonrisas, o cualquier otra emoción, un autómata que camina junto a su sombra en un mundo que no se adapta a él, esa persona es incapaz de ser feliz.
Pero no todos acabamos siendo así, y no todos nuestros pasos terminan sonando uniformes, siempre hay gente que a pesar de tener un mecanismo de control incrustado en el alma actúa por si misma y no obedece a nadie, gente que hace que éste mundo de monstruos en el que vivimos pueda tener algo a lo que aferrarse, una oportunidad que de a conocer quiénes fuimos, quiénes seremos y quiénes somos.