No todas las historias, por muy tristes que sean acaban mal, y la vida sigue, cuesta levantarse tras una abatida de la misma, pero aunque duela se reconocer que mis errores son fatales, tan enormes que hacen que se me estremezca cada partícula de mi cuerpo al recordarlos.
Pero cada error induce a una lección particular que da la vida, cada descuido, cada tropiezo enseña una lección nueva, igual de importante que la anterior, tras el paso del tiempo aprendemos a pensar que lo que pasó hace tiempo es una tontería y que no merece otro nombre, pero sin esas tonterías no seriamos quien somos ni viviríamos lo que vivimos, necesitamos esos errores, existimos gracias al mero echo de que los cometemos, y es bueno saber que no somos máquinas, que ante cualquier caída nos levantamos, nos quitamos el polvo, suspiramos y seguimos por nuestro camino, somos así y eso nos identifica, seres humanos ni más ni menos, sentimos, amamos, olvidamos, odiamos e incluso morimos al final del camino y doy gracias de todo corazón a esas personas que me han jodido, que me han despreciado y han sabido como hacerme daño, gracias, por hacerme lo que soy ahora.
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